La alarma está encendida

2017-01-29T08:02:59-06:00

AGUSTÍN ALBORNOZ S.

Retomando el tema comentado con el que seguro la mayoría estamos de acuerdo en cuanto a la importancia de estar atentos y de invertir lo que podamos en todos nuestros niños porque ellos representan el futuro, hay algunas consideraciones que quisiera compartir con los lectores al respecto. La primera es que todos los razonamientos que plantearemos a continuación, en la medida de lo posible se podrían aplicar a los adolescentes e incluso a adultos jóvenes, con las salvedades que correspondan a sus respectivas edades. Por lo pronto, habrá muchos casos en los que, por ejemplo, algunos jóvenes y hasta adolescentes estarán haciendo el papel de alguno de sus padres o de ambos, y por ello con más razón cabe el comentario anterior. Y ese papel puede ser temporal (mientras los padres se ocupan cada día de buscar el sustento, los alimentos, etc., de la familia), o permanente porque éstos ya no están físicamente. Además, en varios casos y por varias razones algunos adultos jóvenes representan un modelo a seguir para algunos adolescentes y niños, mientras que en otros casos algunos adolescentes representan ese modelo para algunos niños, y por ello nos debería interesar mucho que la mayoría de los adultos jóvenes y de los adolescentes sean el mejor modelo a seguir para quien sea el caso. Lo cierto es que sin dejar de reconocer las circunstancias difíciles actuales, deberíamos enfocarnos en lo que deberíamos hacer cada quien para que las cosas cambien de verdad, no en responsabilizar a otros por todo lo malo que sucede (independientemente de que sea así en algunos casos).

Continuemos reconociendo dos verdades: 1. Hoy es el futuro de lo que soñamos o al menos pensamos ayer, o es el resultado de que como sociedad ni soñamos ni pensamos ayer en varios temas fundamentales acerca de ese futuro. 2. Si en tiempos de paz los valores son muy importantes, en tiempos de tribulación son absolutamente imprescindibles.

Por otro lado, cabría suponer que las situaciones difíciles que han estado aconteciendo, deberían estimular en nosotros una preocupación mayor por los demás, pero por situaciones que estamos observando en el mundo pareciera que está ocurriendo justo lo contrario. Por esto deberíamos estar muy claros en lo siguiente: 1. No podemos sacrificar el futuro por los afanes diarios de la actualidad. 2. Por consiguiente, el futuro podrá ser mejor si además de enfrentar los afanes de cada día empezamos a construir para un futuro mejor.

¿Cómo lo haremos? Comenzando desde ya a preparar a nuestros niños, a través de una sólida formación ética y en valores para que ellos puedan hacer realidad ese futuro mejor.

Además ellos: 1. Están en la edad ideal para una educación integral. 2. Y si queremos vivir en una sociedad lo más saludable posible, todos deberíamos ocuparnos de alguna manera en la formación de sus niños, porque son ellos los que van en definitiva a construir esa sociedad saludable. A fin de cuentas la mejor preparación será la que lleve a nuestros niños a convertirse en adultos: solidarios, amorosos, agradecidos, amables, esforzados (nada flojos), honestos, veraces, responsables, y que siempre den lo mejor de sí (y no se estresen por ello).

Por otra parte, toda construcción requiere de un fundamento sólido para que perdure en el tiempo. Si deseamos un futuro mejor basado en los valores que lleven a actitudes firmes y constantes como las acabadas de mencionar, vamos a tener que transmitirlos no solo aconsejando a nuestros niños verbalmente, sino más bien enseñarlos con nuestro ejemplo cotidiano. Esto tendrá doble beneficio: 1. Ver esos valores arraigados sólidamente en los adultos en que se convertirán dichos niños. 2. Una mejora en el ambiente que nos rodea hoy en día, ya que el nosotros practicarlos para darles el ejemplo, nos hará crecer como seres humanos progresivamente más maduros, adultos capaces de convivir en paz con otros.

Hace varios años, cuando comencé este trabajo de promover los valores en todo escenario posible, un amigo muy querido me dijo que todo lo que des en tu vida, y más si lo haces de corazón, te va a regresar con mayor fuerza aún. Puedo decir con la práctica de todo este tiempo, que mi amigo tenía razón, por ello les puedo asegurar que todo el esfuerzo y el cariño que pongan en la labor de dar y sembrar los valores que hemos mencionado (y otros) a todos los niños que puedan, tanto a los propios como a otros, les regresará a ustedes en algún momento con fuerza y de varias maneras; como mínimo con la satisfacción de ver a adultos en los que ustedes influyeron positivamente, y que por ello contribuirán para el bien de su entorno, así como el de la sociedad en su conjunto y, por consiguiente, a un futuro mejor para todos.

Los niños no son huéspedes ocasionales en nuestra casa. Nos han sido prestados temporalmente con el propósito de amarlos e inculcar una base de valores sobre la cual se construirán sus futuras vidas.   James Dobson

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Notiexpress Color

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